
Sexualidad en la madurez y la tercera edad
La sexualidad no se "acaba" en la madurez. La evidencia muestra que muchas personas mantienen actividad sexual satisfactoria hasta edades avanzadas, con cambios fisiológicos esperables y adaptaciones del repertorio.
Cambios fisiológicos frecuentes: en mujeres, sequedad vaginal y atrofia vulvovaginal post menopausia (tratables con lubricantes, hidratantes vaginales, estrógenos locales bajo prescripción); reducción de la elasticidad. En hombres, mayor tiempo necesario para la erección, erecciones menos rígidas, periodo refractario más largo, eyaculación menos intensa. Ninguno de estos cambios impide una vida sexual plena.
Mitos a desmontar: "a esta edad ya no" (falso, la frecuencia disminuye en promedio pero la calidad puede aumentar); "después de menopausia se acaba el deseo" (depende de muchos factores, no es regla); "no se puede tener intimidad tras un infarto" (las guías cardiológicas recomiendan retomar gradualmente en la mayoría de los casos); "la pareja ya no me desea" (suele ser un problema de comunicación, no de deseo).
Recomendaciones clínicas: vigilar fármacos (antihipertensivos, antidepresivos) que afectan función sexual y revisar con el médico, ampliar el repertorio más allá del coito penetrativo, dar más tiempo a los preliminares, comunicar abiertamente cambios y necesidades, atender consecuencias de cirugías o enfermedades crónicas con apoyo profesional.
La sexualidad madura tiene la ventaja de la experiencia, menos presión social y, muchas veces, mejor comunicación con la pareja.
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