
Infidelidad: ¿se puede reconstruir la pareja?
La infidelidad es una de las crisis más profundas que puede atravesar una pareja. Provoca síntomas comparables al estrés postraumático en la persona traicionada: pensamientos intrusivos, hipervigilancia, alteraciones del sueño, oscilación entre rabia y desesperación.
La investigación de John Gottman, Shirley Glass y Esther Perel muestra que aproximadamente entre el 60% y 70% de las parejas que buscan terapia tras una infidelidad logran reconstruir el vínculo, aunque solo si se cumplen ciertas condiciones.
Condiciones para la reparación posible: fin completo del vínculo extramarital, responsabilidad plena de quien fue infiel —sin minimizar ni culpar a la pareja—, transparencia total durante el periodo de reconstrucción, disposición a responder preguntas sin defensividad y trabajo terapéutico estructurado.
Fases del proceso (modelo Gottman): Atonement (expiación) —reconocer el daño, validar el dolor, demostrar arrepentimiento sostenido—; Attunement (sintonía) —reconstruir la conexión emocional, identificar los factores que abrieron la vulnerabilidad—; y Attachment (apego) —reconstruir el vínculo erótico y la confianza profunda—.
No toda pareja debe reconstruirse, y la decisión es legítima en cualquier dirección. La terapia ayuda a tomar esa decisión desde la lucidez, no desde el dolor agudo.
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