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Duelo por la pérdida de una mascota: un duelo legítimo

Duelo por la pérdida de una mascota: un duelo legítimo

La pérdida de una mascota produce un duelo real, intenso y, con frecuencia, invalidado socialmente. Frases como "era solo un perro" o "consíguete otro" trasmiten la idea de que este dolor es menor, cuando la evidencia muestra exactamente lo contrario.

Investigaciones publicadas en Anthrozoös y Death Studies (Cordaro, 2012; Packman et al., 2017) documentan que la intensidad del duelo por una mascota puede ser comparable a la de un familiar humano cercano, especialmente en personas que vivían solas, que tenían vínculos muy estrechos con el animal, o en infancias donde la mascota cumplía una función de regulación afectiva.

Las etapas no son lineales y pueden incluir negación, culpa (sobre todo en eutanasias), tristeza profunda, enojo y, eventualmente, integración. Es común también el llamado "duelo desautorizado": el doliente no recibe el reconocimiento social que necesita para procesar la pérdida.

Recomendaciones clínicas: validar la emoción y permitirse llorar sin justificarse, crear un ritual de despedida (carta, álbum, lugar conmemorativo), evitar adquirir otra mascota inmediatamente para "tapar" el dolor, buscar apoyo en personas que sí comprendan el vínculo humano-animal, y consultar terapia si el duelo se prolonga más de 12 meses con deterioro funcional (duelo complicado).

Honrar el dolor es honrar el vínculo. No estás exagerando.

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